Temporada OSCyL 7 2016-2017 Turno 1

OSCyL

Comprar entradas
- Sala Sinfónica
12 / 17 / 22 / 27 / 32 / 35 €

Orquesta Sinfónica de Castilla y León
Josep Pons, director
Pablo Mainetti, bandoneón

NOVEDAD: FILA OSCYL


Astor Piazzolla (1921-1992)
Concierto para bandoneón

Béla Bartók (1881-1945)
El mandarín maravilloso, op. 19, Sz. 73: Suite

Ígor Stravinski (1882-1971)
Petrushka: Suite (1947)


Josep Pons ha sabido consolidar una carrera muy inteligente, y hoy por hoy es uno de los directores españoles más respetados en el ámbito internacional. Ha conseguido los más prestigiosos premios —Diapason d´Or, Choc Le Monde de la Musique, 10 Repertoire…—, y como director invitado ha dirigido orquestas como la Staatskapelle de Dresde, la Gewandhaus de Leipzig o la Sinfónica de la BBC. También posee una interesante carrera en el ámbito operístico, con obras como La Walkiria, Così fan tutte o La viuda alegre. Ha afirmado que “el director de orquesta es un aglutinador de almas. Su función debe ser aunar las diferentes voluntades con las que trabaja”.

Pons es muy apreciado como magnífico conocedor del repertorio del siglo xx, y en este programa aborda tres obras distintas pero, a su modo, muy representativas de diferentes conceptos musicales. El Concierto para bandoneón de Piazzolla, además, tendrá la colaboración de uno de los mejores bandeonistas del mundo, Pablo Mainetti, que ha grabado esta obra bajo la dirección del propio Pons (Harmonia Mundi). A propósito de una interpretación de este concierto, se ha escrito sobre él (El oído crítico): “Se contaba con un solista de excepción en Pablo Mainetti (…). Su melancólico sonido y su gran musicalidad ofrecieron la visión decadente que esta música pide”.

Las obras de Bartók y Stravinski que se interpretarán en esta velada tienen distinta entidad dentro de la historia de la música. El mandarín maravilloso no tuvo mucho éxito como ballet, pero sí se ha impuesto en las salas de conciertos desde una suite que emplea más de dos tercios de la música original. Petrushka, por su parte, es sin duda la obra más revolucionaria de Stravinski dentro del gran formato: todos los novedosos recursos que en La consagración de la primavera serían sometidos a rítmica implacable, y teñidos de agresividad y desafío, en realidad ya se encuentran aquí.